BCCPAM000535-7-25000000000000

240 CARTAS DEL Baro DrEGO tardes es indispensable el hacer algo de leer ó escri- bir los días de correo, porque de noche no queda tiempo, y si del dicho no se aprovecha algo, es im- posible en las tres horas que tengo libres en la ma- fana evacuar una pequeña parte de lo qne Dios envía ó debo hacer. No discurro para esto otro arbi- trio que el robustecerme V. con su bendición y sus oraciones. En cuanto al alimento es indefectible el desayuno de un pozuelo de chocolate que me da el Prelado aun en los días de ayuno: lo demás es co- mún á todos. Las expresiones de la segunda carta sobrepujan inmensamente mi mérito, mas no mis anticuados deseos. Confieso, P. mío, que se conmo- vió todo mi espíritu al ver la caridad de V. con esta escoria de sus hijos, y que entre las lágrimas se sa- lían las exclamaciones que puede peusar de un hj- Jo, que por la bondad de Dios sabe hacer de su pa- dreel concepto y estimación que se merece. ¿Es posible que tal P. pueda complacerse y gustar de la inmediación de este inmundo cieno? Basta, porque no nos dé un mal rato su fetor. (1) Pero, P. venera- dísimo mío, tanto? tanto? y conmigo? ¿y tengo co- razón para ser todavía el que soy? Oh conocimiento de la eternidad y cuántas cosas me enseñaste! Pero qué presto las olvidé! La doctrina que en la ya citada me da V., es tan propia para mi necesidad como inspirada del que solamente la conoce. Toda ella es verdad, luz y unción del Espíritu Santo: no me atrevo á decir que es grano arrojado entre piedras ó espinas, por lo que V, me dice, y porque conozco no es pequeña misericordia de Dios, me den el grano cuando no lo merecía; me resigno en mi dura insensibilidad mirándola, ligero y suaye azote de mi envejecida (1) Palabra tomada del latin: Faetor, que significa, hedor,

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz