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Axo 1788 237 Y aunque es verdad que aun en los demás tiempos procuro en lo posible hacer otro tanto, hay la dife- rencia de no lograrlo como ahora. La oración y de- más ejercicios es como siempre; seca, desabrida, y amarga; las tentaciones contra la pureza fuertes, frecuentes y fatigosas. Las de desconfianza de mi remedio apuntan ó se presentan con alguna, repeti- ción; á todas ocurro con clamar á Dios me mire con la misericordia que merezco; pero es grande el caimiento del ánimo al notar una cierta dificultad que aparece insuperable para mi reforma práctica de virtudes y para cuanto dice orden á mi aprove- chamiento. Este parece haberse confirmado desde ayer por la siesta en la que dormido me dió su Majestad una viva aprehensión de la eternidad y de alguna parte de los sentimientos que tendría mi pobre alma en el instante de la muerte, si muriese mal; del mismo modo que se me propuso los tienen los infelices que se pierden para siempre. Me parece no duraría un minuto este sueño ó lo que fué; él me despertó fatigado, me dejó ense- fiado para mirar con horror las tentaciones Ó sus propuestas; mirar como suaves las mortificaciones, recibir con resignación y gusto las amarguras que Dios enviase, y lo mucho que se debe hacer y pa- decer para evitar aquella fatalidad. ¿Quién creyera, P. mío, que esteaviso no mudaría mi corazón? Pues no ha sido así. Esta verdad tan terrible no ha sido bastante para que tenga más fervor en la ora- ción, ni aun para hacerme excusar el sveño que en ella me molesta ó persigue. ¿Qué más? ni aun para traerme entre día más recogido en mi inte- rior. De modo que yo quiero sospechar si estoy en el infeliz estado que se expresa en aquellas pala- bras, Proverb. 23-35 de aquel dormido de quien se

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