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226 Cartas DEL Braro DIEGO ya dije á V. de hacer algún obsequio á Nuestra Se- ñora con respecto á su protección en vida y muerte: V. disponga lo que juzgue más acertado, pues ha- ciendo yo su voluntad, cumplo la de Dios y camina- mos Seguros. Quisiera saber, P. mío, cual es su dictamen de V. ó su modo de pensar sobre las proposiciones con- tenidas en la circular que el Sr. Floridablanda diri- gióá los llustrísimos Prelados sobre los contraban- dos y la declaración de que las leyes penales obli- guen en conciencia, todo contraido á las presentes circunstancias en que se hallan las cosas, así de las excesivas contribuciones como de todo lo demás que ocurre relativo á estos puntos así en el soberano, como en los pobres vasallos. Oigo variedad de dictá- menes, veo cometerse infinidad de culpas mortales; me acuerdo del alligant onera gravia et importabilia; y deseo no discrepar del parecer de V. y no afligir las almas de arreglada conducta, que se lamentan perecen sin remedio ó no pueden mantenerse si ta- les leyes obligan á culpa grave; con sólo decirme V. una palabra por lo que conozca yo su sentir, que daré instruido, y no es necesario se canse en escri- bir mucho. Estas nietas saludan á V. y le piden sus oracio- nes. La domínica dice que se acordó de su abuelo y Dice Kempis que muchas veces ( uando ereemos que esta” mos más lejos de Dios, nos encontramos más cerca. Esto in- dudablemente pasaba al celebérrimo apostol de Andalucía. Esta doctrina es altamente consoladora para las almas piadosas que pasan por el áspero y dilatado desierto que se encuentra en la vida espiritual. Reflexionen lo que acontecía nada menos que á Fr. Diego de Cádiz y no desmayen. Estén k seguras de que caminan aunque les parezca que € tán quie: tas entre las densas sombras que les rodean. Al fin y 4la pos- tre, la corona la recibirá, quien, como el Beato Diego, pelee hasta el fin.

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