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Año 1788 225 mente de despecho, mirando como cosa imposible mi necesario remedio, con lo que he-quedado en la misma inhabilidad en que antes vivía. Los propósi- tos han sido ningunos; porque todo se ha reducido á persuadirme yo cuanto necesito de reforma en todas mis cosas, y á pedir 4 Dios se digne concedér mela. La distribución fué de cuatro ratos de oración cada día, y dos de examen, tres disciplinas al día y algún rato de lección en la Sagrada Escritura. No han sido con la más rigorosa abstracción, porque han ocurrido algunas cosas graves, que me han obligado á estar algún rato con las criaturas; bien que me parece no se ha perdido el tiempo en ellas. Pero, venerado P. mío, ¿en qué parará tanta disipacióny tanto ser dominado de mis pasiones, singularmente de la irascible y concupiscible no fal- tándome por la bondad de Dios, un gran deseo de ser todo de Dios y de amarlo mucho á El solo? Em- péñese V. porque veamos muy en breve este día que tanto necesito (1) He dicho la misa que V. me manda para pedir á su Majestad la luz de su voluntad sobre el devo- cionario que ha de formarse, y como soy todo oscu- ridad, nada he entendido, solo mi buen deseo que 1) Repetidas veces hemos visto en estas cartas intere: santes la sequedad y horribles angustias que padecía el in- signe misionero gaditano, y la paciencia inalterable con que las sufría. Ahora dice, que no ha podido sacar ni un propó- sito siquiera de los diez días de rcicios, no obstante darse tres disciplinas diarias, hacer cuatro horas de oración y es tar tan retirado. Esto es muy notable. En cambio, Diós le daba tal conocimient ) de sí ue hacia se tuviese por el hom- bre más perdido y ruín de la tierra. Y est creía, á pie jun tillas, y lo decía con firmeza y concie acierta r este las tre de su propio conocimiento, tal vez se hubiese ido á pi- que aquella hermosa nave cargada de méritos y de lauros, 29
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