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220 CARTAS DEL Beato DiEGO0 Quedo enterado en lo que me previene del de- yocionario de mi Señor $S. José; y con la satisfac- ción de ndo, le digo: que habiendo por lo menos dos de ellos distintos para los días diez y nueve de cada mes, que andan en manos de todos, parece no hace falta. Hace algunos días que sabiendo que en el día ocho de cada mes hay semejante devocionario en obsequio de la Purís sima Concepción de Nuestra Señora, y otro el último viernes en memoria de sus dolores, me hallaba con deseos de formar otro para los días quince en memoria de su Asunción glorio- sa; por lo que, si V. lojuzga conveniente, me apli- que á esto, formándolo en los términos que me dice del de mi Señor $. José. Procuraré ir buscando es- pecies, pues además deseo con vivas ansias hacer algo en obsequio de la Santísima Vírgen, no sé con que fuerza interior. Mi genio gallego me hace sentir causar á V. los gastos de las cartas gruesas (2), y porque me lo man- da, va ahora la primera de las cuatro cartas contra la delación. Va otra de una consulta de Mallorca á que había pensado responder que, el ayuno á pan y agua delos dos confesores, lo juzgaba engaño por no ir según disponen nuestras Constituciones, y que siendo aconsejado por la dirigida, da motivo á la sospecha, máxime viéndose ya efectos tan notables. No se fatigue V. en leerla pronto. Perdone V. tanto cansarle; mándeme lo que guste; déme su santa bendición y encomiéndeme á Nuestro Señor á quien pido me guarde su vida mu- (2) Por estas y otras expresiones se echa de ver que Fr. Diego de Cádiz era un santo andalúz, y que la virtud no está refiida con la expansión del alma, ni es tan obscura co- mo algunos la pintan.

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