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Año 1788 219 cuatro y once del corriente, la primera acibarada con el disgusto de no hallarme en mi nuevo desti no, y la segunda con la de ver desaprobada mi de- terminación de permanecer aquí; pues ciertamente mi corazón se vá facilmente tras de las determina- ciones de V. sin violencia alguna por lo menos en los actos interiores de cuyo beneficio rindo á Dios infinitas gracias, y hasta me duele sea tanta mi ruindad que no las siga con la puntualidad que de- bo. Quedo enterado en el tiempo que he de perma- necer aquí, y puedo asegurarle que ya es sin gusto sensible y como precisado. Dios sea bendito. En mis malecillos estoy tam mejorado, que con el rigoraso método de agua y caldo se ha desterrado enteramen- te el dolor de estómago; pero fué forzoso suspender aquel porque la cabeza flaqueaba mucho con la no- table falta de fuerzas que he contraido, y voy poco á poco recobrando para empezar con los baños, lue- go que el tiempo lo permita; que por acá es de llu- vias y mucho frio, tanto que parece invierno (1). De los ejercicios hablaré á V. luego que salga de ellos. Sobre el punto de emplearme alguna vez en las tareas del ministerio viviendo en Casares, só lo puedo decir á V. que habiendo propuesto esa es- pecie 4 mi P. Provincial en los mismos términos me respondió negándome toda facultad para ello sin recurso alguno. Con lo que ya ve V. que nada pue- do. En lo de los nuevos dictados de la Orden, haré lo que V. me previene luego que me lo comuniquen los Padres, pues aún nada me han dicho. (1) Dicen los rondeños, especialmente los ancianos, que la temperatura ha variado en Ronda notablemente y parece confirmarlo el Beato Diego en esta carta, donde asegura que hacía frío el diez y siete de Junio. El año 1898 predicamos allí una novena que empezó el diez y siete de Junio con un calor de cuarenta y cuarenta y cinco grados.
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