BCCPAM000535-7-25000000000000
AxXo 1788 213 muy apreciable de V. de diez y ocho de este, y aun- que acababa de decir misa, luego que ví la nota que traía de no leerla hasta hacer lo que allí me ordena- ba, suspendí el hacerlo hasta la tarde en que procu- ré tener la media hora de oración extraordinaria, y para mayor seguridad lo diferí hasta el día siguien- te después de haber celebrado, pidiendo con espe- cial instancia la luz que necesito para obrar con acierto, según fuese del divino beneplácito. Puedo y debo asegurar á V. que antes de leerla oía en mi interior la yoz de mi corazón ó deseo de acertar que me decía: Yo pondré la resolución de lo que esto fuese al arbitrio del que Dios me ha dado por P. y director y quedaré segurísimo del acierto. Vine, pues, de la iglesia y puesto de rodillas para oir la voz de Dios, que ciertamente me habla por V., leí su carta en los términos que si oyese materialmente la divina voz. No puedo negar que ella penetró hasta lo más profundo de mi alma, conmoviendo todo mi interior hasta ocasionarme un temor universal, pero intenso y sosegado en todo mi cuerpo de piés á cabeza; me hizo ver era éste un nuevo singularísimo beneficio que no merecía, que era efecto de las muchas ora- ciones que había pedido á diversas almas justas por sola esta necesidad, y de las misas y repetidas súpli- cas que había dirigido á su Majestad por su reme- dio, y que, pudiendo ser el último, debía apreciarlo y responder á él como si lo fuese. No debo tampoco ocultar á V. los efectos que causó en mí de rendi.- miento, deseos de llenar el querer de Dios, horror y dolor de mi miseria, conocimiento de ella y lo de- más que V. puede conocer, hecho cargo de quien soy. Es cierto que la carne hizo y hace su oficio de sentir repugnancia; pero á Dios gracias, si el amor propio no me engaña, me parece que tira más el
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz