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decía el Señor: Esto se te dá para descansar. Si- guióse á esto inmediatamente un gozo interior grandísimo, con no menos resignacion en su divi- na voluntad y dilatacion de mi corazon. A esto añadió su divina Majestad en toda la enfermedad un deseo tan eficaz y dulce de que se cumpliese en mísu santísima voluntad, fuera la que fuese, que sentía pidiesen determinadamente mi salud, solo quería pidiesen se hiciese su voluntad santísima en mí: con esto hacía el Señor que estuviese en la cama y sufriese las ligeras fatigas de las calentu- ras, con tanta indiferencia ó tranquilidad, como si no las tuviese. Tampoco deseaba el morir: nada, Padre mio, nada, nada apetecía; toda mi ánsia era la voluntad de Dios que se cumpliese en mí: Las me- dicinas que ordenaban los médicos se me propo- nían en los mismos términos, etc. El cuerpo se quejaba por lo que padecía, mas el espíritu no hallo voces para manifestar á usted la paz que go- zaba, aun en las repetidas, algo penosas, recaidas: puedo asegurar, que ni aun de pensamiento he te- nido el más leve deseo de la salud. Me acordaba tal vez de intento de la mision de la Corte con lo demás que usted sabe. y veía con admiracion que ni aun eso apetecía, etc., como ni tampoco el ver- me privado de los negocios á que sabe usted vine aquí, de leer algo, etc. Dios sea bendito por todo! Otra especie me ha ocurrido que diré á usted por lo que fuere. Pasado el riesgo ó aprieto de la primera caida, que ya los médicos me dieron por seguro, se me puso en la memoria con bastante vi- veza y con tanta contínuación que apenas pensaba en otra cosa, un lema que leí en la losa de un se- pulcro, que decía: ln hoc fallamur, quod mortem pros- picemus: en esto nos engañamos, en que miramos

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