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supliqué al P. Confesor se suspendiese hasta el in- vierno por hallarme muy falto de fuerzas para el trabajo, y prontamente se convino á que por Fe- brero, ó en la cuaresma de 83 se efectuase lo dicho, para que entonces hubiere más tiempo de predicar á los Gremios ó Tribunales reservadamente. El día 16 en que fué la última plática á sus Altezas, bajó orden del Rey que trajo el Ilustrísi- mo P. Confesor, para que me detuviese aquí los tres días de Pascua del Espíritu Santo, y en sus tres tardes hiciese á las personas Reales un ex- horto, que se acostumbra antes de darles la ben- dición con el Señor Sacramentado en la Iglesia de San Pascual, convento de los PP. de San Diego; y aunque procuré excusarme por no detenerme aquí más tiempo, no se me oyó y hube de rendir- me. De resultas de estas cosas, parece han encar- gado al P. Fr. Eusebio me prevenga sobre punto de Obispado para el que van 4-promoverme ó hablar- me de ello, lo que aún no se ha verificado; y estoy en hacer toda resistencia para en ninguna manera admitirlo. Creo será usted de este dicta- men, según lo que advierto en mi interior,y la paz con que esto me ocurre. Entre todó esto no han faltado algunos ému- los que al Rey y al Príncipe han querido desvane- cer el concepto que Dios ha dispuesto que formen; mas á las primeras palabras han sido fuertemente rebatidos, haciéndoles enmudecer: S. M., y toda su Real Familia apenas hablan de otro asunto que de este; se muestran complacidisimos en un modo muy notable, que sólo oyéndolo puede creerse. Es- toy creído, Padre de mi corazón, que ha hecho Dios su obra y ha llenado la voluntad de usted perfectí- simamente, pues me parece no puede esto llegar á

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