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quitadas las celosías, la Grandeza en la capiila mayor y el cuerpo de la Iglesia. La abundancia de las misericordias de Dios en esas tardes me deja pobre de voces para significárselas á usted; basta decir que su carta llegó el dia 16 antes de la segun- da plática á sus Altezas, y me mandaba usted en ella lo mismo puntualísimamente que me estaba sucediendo, etc. Las admiraciones de sus Altezas, las celebraciones etc., el amor, respeto, veneración que me han manifestado me confunde solo al pen- sarlo, esto es, hablando de lo poco que percibo, que según conjeturo sus expresiones son rarísimas y extrañas. Dios se las dé á conocer á usted, pues yo no acierto á explicarme en otros términos. Los Príncipes me ilamaron ocultamente el día 11 enel que á las dos de la tarde fuí á su cuarto á B. L. M. donde me recibieron en pié con demostraciones de singular benevolencia que me servía de admi- ración, la que creció hasta el asombro, cuando ví á mi Sra. Princesa ponerse de rodillas para que le diese la bendición, como en efecto lo hice; repitién- dose ayer lo propio en los mismos términos. Dí á sus Altezas algunas estampas, rosarios, cédulas y cruces que apreciaron mucho; me trajeron al In- fantito (que es sobre ponderación preciosísimo) pa- ra que le dijese un Evangelio, y luego salieron hasta la puerta. del cuarto á despedirme. Mi Se- ñora la Princesa me ha escrito dos papeles, pi- diéndome el remedio de varias necesidades, es- pecialmente de una que sín milagro manifiesto «no lo. tiene: lo deseo de corazón y lo pido al Señor con lágrimas, no sé si lograré ser oído: ayú- deme usted, Padre de mi alma, que juzgo nos im- porta, ó hágalo desde allá, ya que me lo ha manda- do tantas veces, y mis pecados no me dejan obe-

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