BCCPAM000535-7-08000000000000

— RÓS.— predicar las Bienaventuranzas en los nueve dias, que como novena de San Antonio había de durar la predicación. Seguí este pensamiento con un modo tan singular, que exceptuando la explica- ción de la virtud que solía (no siempre) leer en al- gún autor, y la inteligencia de las virtudes que á cada bienaventuranza corresponden, todo lo de- más en sus divisiones menudísimas, y multiplica- das, en sus pruebas, convencimiento, exhortacio- nes, etc., puedo asegurar casi con juramento que todo ha sido infuso, ó dado del que quiere por su bondad valerse de mi ignorancia para- ostentar su grandeza, Sería pretender un imposible querer decirle la extremada dulzura, abundancia, eficacia, penetración, etc., cón que he predicado esta No- vena y esto tan de corazón, que más él que los la- bios pronunciaba lo que decia: yo lleno de paz, de seguridad, con un magisterio ó gravedad humilde, que á mí propio me era extraño: las gentes de to- das clases poseídas de un júbilo singularísimo, asombrados, enamorados perdidos del misionero. Los primeros ministros, los grandes de España, las gentes ilustres, los eclesiásticos, los pobrecitos, en fin, todos conmovidos, glorificando á Dios y pu- blicando sus maravillas. Llegaban las noticias al Pa- lacio, llevadas del P. Confesor uno de los más apasionados ó.afectos, que solo una tarde dejó de asistir por estar accidentado, ó de los demás que allí sirven; se conmovían las personas Reales, que- rían oir, etc., y como no podían presentarse en los concursos, pidieron los Sres. Príncipes é Infantes al Rey Ntro. Señor que les predicase yo algunas pláticas después de la Novena: concediólo S. M. y en efecto se tuvieron en las tardes delos días 15 y 16, estando sus Altezas en sus respectivas tribunas Ta

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz