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— 560— ¿Y sería nuevo, que alguna imstigada del demonio, se desmandase y pretendiera lo que la infiel esposa de Putifar quiso del santo José? ¡Oh, qué vigilancia te es necesaria! qué cautela! qué cuidado para que no te sor- prenda y lleve tras sí tu corazón, la natural dulzura y afabilidad de ese trato! En DPesucristo, por Jesucris- to, para Jesucristo y enviado por Pesucristo, ama, ama, ama, á Jesucristo y tus prójimos. Este es el fin, y el único fin de tu misión; fija en él tu vista, tu trato con criaturas, toda, toda tu conducta, si deseas que Fesu- cristo la prospere. Y cuánto te debe confundir y al mismo tiempo alentar y esforzar lo queen tí experimentas, y efecti- vamente te pone delante el que ha querido por uno de los más misericordiosos efectos de su bondad servirse de tí? La exaltación de la Santa Cruz, la edificación de las poblaciones, el fruto copwoso de la misión allí, en Toledo, en Ocaña, y más ahora en el Real sitio: la mayor inclinación al retiro, al silencio, á la indiferen- cía, al desasímiento de los honores, aplausos y estúnacio- nes: la abundancia, la facilidad, la suavidad, la in- teligencia de las santas Escrituras, etc. La moción de tales pueblos, de gentes elevadas, etc. Las conversiones, las reformas de costumbres, etc. ¡O santo Dios! qué son? qué son, Fr. Diego mio? Ser tú un verdadero mónstruo de la empeñada sapientisima Providencia del que quie- re ya enviar ú la Corte de muestro católico Reino, y á su piadosisimo soberano y Real familia quien la tlu- mine y enseñe los rectos caminos de su sólida y verda- dera felwcidad. Qué eres por tá y dejado á tí, te lo he demostrado, y demostrará tu misma miseria; qué eres como misionero, como tú lo agmoras, quiere el Señor que lo vea yo para tu bien, y los pueblos para glorificar al que te envía. Hé aquí un. verdadero mónstruo de la sabia Providencia!

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