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fanta y demás gentes de Palacio se ha empeñado el Sr. Duque de Medinaceli en llevarnos á Aran- juez, donde se halla la Corte, á predicar una Nove- na-misión á San Antonio de Padua; para lo que ha tratado con el Rey nuestro Señor, el primer Mi- nistro, P. Confesor, Sr. Arzobispo, etc., todos con- venidos en que vaya. El Rey nuestro Señor aña- dió: que sí sus hijos queriimn ir áocir al Capuchino que fuesen, esto nos dicen que es cosa no vista. Se han hecho de nuestra parte las posibles resistencias, pero sin fruto: por lo que mañana, siendo Dios ser- vido nos pasamos al Sitio, para pasado dar princi- pio á la predicación. Voy resuelto é inclinado á predicar aun con mayor dulzura que aquí, redu- ciéndome á proponer las virtudes del Santo para persuadir después sencillamente á su imitación: pienso para ello predicarlas Bienaventuranzas que son el compendio de las obligaciones cristianas. Usted, Padre mio, bendiga mis intentos, para que sean prosperados de la bondad del Señor. Esto hace Dios, pero yo qué hago? ofenderle sin término. Las pasiones, especialmente la con- cupiscible está de bando mayor, pues me inclina á la impureza algunos dias, de modo que me opri- me indeciblemente. Me veo poseido' de un amor tierno á algunas gentes, especialmente señoras,cu- ya vida es poco arreglada, deseándole eficazmente su reducción, pero luego se presenta la pasión: así vivo afligido, clamando con San Pablo me qui- te el Señor este enemigo: mas no merezco ser oido: cúmplase la voluntad de Dios en todo. No ocurre otra cosa especial: usted no me responda hasta que avise mi destino: su salud me tiene muy cuidadoso, pido á usted su bendición con sus ora- ciones, y á Dios que me guarde su vida muchos

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