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SA de usted y lo que me dispuso. Dios sea bendito por ello. A esta hora nada sabemos de ir á la Corte; so- lo sé que vienen de allá muchos señores y señoras principales, entre ellos algunos consejeros de Cas- tilla, y de guerra, más aún no han llegado; el se- ñor Arzobispo espera se lo pida el Presidente del Consejo, ó algún otro sugeto de igual recomen- dación. De aquí creo pasaremos á Ocaña después de Resurrección, de donde dista dos leguas cor- tas el Real sitio, donde estará. entonces la corte: el Señor haga su santísima voluntad. También advierto en la predicacion, que de ella salgo muy movido é inclinado mi interior al silencio, al retiro y á la oración, en la que sin mu- cho trabajo experimento devoción y grandes de- seos de enmendarme y ser otro: mas no acabo de ser el que debo. El fruto se va presentando muy copioso, bendito Dios! pero no hay alboroto ni el tumulto con el misionero que en otras partes. La salud de usted, Padre de mi alma, me tiene con bastante cúidado: espero me diga usted como sigue. La mia no tiene especial novedad á Dios gracias, y menos en ser todo de usted y desear servirle. pues no sé como agradecerle la mucha ca- ridad que le debo en lo que hace con mi Santa Teresa, y ahora también con el sobrino; de quien solo sé que usted lo llevó en coche á la fábrica. Dios se lo pague á usted, y se lo premie abundan- tísimamente como se lo pido. Me ofrezco á todas esas señoras muy de veras y me alegraré que la Sra. Casa-Estrada siga bue- na. Yo, Padre de mi alma, pido á usted su bendi- ción y sus oraciones, y en las inútiles mias, ruego á nuestro Señor me guarde su vida muchos años

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