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— 544— Dios, si tú como debes, me manyiestas de par en par tu corazón. Que bien hicistes y harás en arro- yarlo á los pies de la multitud de gentes, que en esos pueblos te honraron y en cuantos te honren! El cora- zón que alguna vez se convirtió á las criaturas y se negó á cuyo es, písenlo las mismas, para que des- hecho y contrito á sus pies, vuelva á su. centro. No me- reces loque en tí alaban, nada es tuyo, luego no á ti, sino al dador, es debida la gloria, el honor y alabanza que te den: no se la hurtes, dásela en conocer que tú solo estás bien á los pies de los que en tí alaban al Señor. Sigue procurando no arruinar tu importante salud; haya mortificación, pero más interior que exterior; ora- ción y recogimiento de corazón, cuanto lo permita el ministerio; y él puede ser materia, sí cuanto en él ha- ces, lo hicreres con pureza de intención y elevación del alma en el que te instruye, te acalora y sostiene. Sueño el que necesites, para dar descanso á un cuerpo, de que te debes servir, para que no se rinda y te ayude. Amalo, que no lo desmercce, cuando contribuye su amor al de Dios, de nuestra alma, y de muestros prójimos. Vamos á lo que no es dirección. Tu sobrino Fran- cisco de Faula se me presentó al cuarto ó quinto día; lo llevé á casa de la Marquesa, se lo presenté y en su coche lo llevé a D. José Elizarde, mi antiguo ¿íntimo amigo, se lo recomendé y ú él le dí buenos consejos y quedó allí, mandando desde allí por el baul á la posada. Está con- tento, y lo están con él. Tu sobrina sigue buena, y con su natural candor es amada de todas, y no la des- cuido. La Casa-Estrada te dice como está. La del Casal lleva tres meses de tercianas y tos; en el día está sin ca- lenturas, pero sigue la tos; se te encomienda, y te la en- cargo, porque atendida su delicada complexión me tiene con cuidado.
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