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— 5842 — Qué humilde! qué manso! qué sufrido! Todo, todo em- pleado en llenar y cumplir la voluntad del que lo envió, sin buscar ni querer otra gloria que la del mismo que para eso se sirvió de él. Pero sin embargo de su divina mansedumbre, le vemos indignado, arrebatado de san- to celo, formar azotes y arrojar del Templo á los que le profanaban con sus trreverencias. Los santos Após- toles no de otro modo se portaban en su misión; suaves, dulces, condescendrentes y sufridos, mientras que no se desatendía la santidad de la palabra que anunciaban; pero cuando. un Elymas quiso impedir sus progresos, le anatematizó y privó de la vista San Pablo; y San Pe- dro supo desatender á los que le ordenaron que no: pre- dicara. Qué importa la honra y vida de Fr. Diego? Y qué importa la propagación y extensión de las verdades Evangélicas que le manda Dios anuncie á gloria suya y conversión de las almas redimidas? Qué es Fr. Diego marado en sí? Un pobre de honesta condición: un. Fraile Capuchino, un ignorante estólido, un pecador ingrato, us débil instrumento de los designios de Díos.—Es más? es más acaso por más que los hombres lo quieran deslumbrar con adoraciones, respetos, vivas, aclamacio> nes y honores? Será más en sí, aunque Mitraslo distin- gan, púrpuras lo eleven, y el universo bese su pié? Pero Fr. Diego Misionero Apostólico, es un. vice- Cristo, y si esto es, ¿quién podrá resistir la potestad que á los que lo son le es confiada? Dedit eis potestatem super omnia demonia et ut languores curarent. 7odo el infierno se te rendirá, y sí tu fé es la que á tu ministerio corresponde, mandarás sobre. toda criatura y serás obe- decido de todas. Te veo predicando ya en Toledo, y para que ésta no se extraviase, he detenido responder hasta ahora ú la tuya de Ubeda de 22 de Febrero: y preveo que
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