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E estas dos ciudades; cuando pasé por Baeza para ésta, salieron al camino más de dos mil criaturas, ó todo el pueblo; cuando pasé de aquí. allá, salió con nosotros toda esta ciudad, eclesiásticos, reli- giosos, nobleza, justicia, señoras y todo el vecinda- rio: siguieron casi todos hasta Baeza que dista una legua; unos en coche, otros á caballo y. los más aún de los señores á pié, siendo casi inútil la es- colta de seis ú ocho soldados de á caballo, que nos acompañaban: á la mitad del camino, salieron los de Baeza, y en su inmediación, fué numerosísimo el concurso de todas clases; la ciudad, los cabildos, etc.. Me alegraba y confundía ver la extremada de- voción con que todos indistintamente se arrodilla- ban y pedían á voces la bendición; el clamor uni- versal era: Ave María! Viva el P. Cádiz! bendito el Señor que lo ha traído! Así entramos en Baeza á prima noche, sacando las gentes luces á las venta- nas, puertas y balcones para que viesemos, etc. Mi interior con mucha paz me representaba lo que soy, y me hacía tirar al suelo el corazón para que lo tratasen como merezco. El domingo de quin- cuagésima, me hicieron cantar la misa mayor en la Catedral, como individuo de su cabildo, (uno mismo con el de Jaen) usando del bonete, ett.) que es comun á los Señores: asistió su Ilma. y concluida pasamos á la Universidad, donde des- pués de la arenga piadosísima que hizo el Sr, Rec- tor, en que me comparaba con el V. Maestro Avi- la, etc., significó el acuerdo de aquel claustro, pa- ra darme los grados de Maestro y Doctor con el nombramiento de catedrático de prima ad honorem. Hice el juramento en manos del Ilmo. que asistió lleno de satisfacción y complacencia, etc., hice esa alocución que remito, la que dispuse de pronto y
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