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524 — el dia nueve: la predicación fué suave, eficaz y no muy penosa al interior, el fruto parece haber sido considerable en el remedio de algunos puntos gra- ves, como el juego, pleitos y enemistades. En esta sucedió un caso que se cree tuvo algo de sobre- natural. En ocasión que estaba yo predicando el sermón del amor á los enemigos en la Plaza, se ha- laban unos trabajadores arando en el campo co- mo un cuarto de legua distante de la ciudad 4 orillas del Guadalquivir, y en este sitio, donde ha- cía mucho ruido el agua,oyeron con claridad y dis- tintamente cuanto yo decía, de suerte que pararon las yuntas y atendieron al sermón. L uego que en- tendieron el asunto avisaron á otro que estaba en el cortijo, exhortándole viniese al pueblo á oir la plática. Oyó él también lo que yo hablaba, y vino á prisa, de modo que llegó 4 la mitad del sermón, el que concluido fué á roconciliarse con cierta fami- lia con quien estaba enemistado. Concluida la Misión el 21, salimos el siguiente para Arjonilla á predicar una plática y otra en Ar- jona. En ambas salieron á recibirnos mucho antes el Clero, las Villas, la nobleza é innumerable pue- blo, con tal afecto de devoción y piedad, que no bastaban seis soldados de caballería, y otros mu- chos que procuraban detenerlos. Esto me servía de ejercitarme la caridad que frecuentemente se conmovía mi interior, hasta sacarme lágrimas, les tiraba mi corazón contra sus piés, deseoso que contra él procediesen, volviendo por la honra del que buscaban, que era Dios, y no á mí. Aquí sentí un fuerte movimiento de gozo, paz, humildad, ca- ridad y celo de la gloria del Señor, que no sé co- mo expresarlo. Sea el Señor glorificado por todo! Esto me hacía repetir, no podía condenarse cria-

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