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> si no oluida, lo que para que no lo olvide, le acuerda el furor de sus pasiones? ¡Oh santo Dios! Qué abismo tan profundo y tan vacio! Qué eres? Qué eres? Fray Diego, lujo de m alma, ¿qué eres delante de Dios, en ti y por té? Y á este mismo hace Dios el más visible, el más conocido, el más deseado, el más pretendido, el más famoso de la Monarquía y su Religión! ¿No te aman los pueblos, honran los nobles, distinguen los Obispos, los Cabildos, los Magistrados, los Cuerpos literarios, y áun las sagradas Religiones? De éste usa el gran Dios de la Magestad para enviado suyo; y lo autoriza con el lleno de sus luces, iluminando sus tinieblas con el celo ardiente y fogoso de sus profetas, con la fé, ma- gisterio y virtud irresistible de los primeros ministros de su palabra! A éste; á Fr. Diego, á Fr. Diego. se le dice Capuchino, Misionero y Santo! Ay de Fr. Die- go Capuchino y Misionero, s: no es Fr. Diego san- tol Lo es? no lo sé! pero sisé con.firmeza que lo será, si es humildisimo. ¿Y no lo debe ser el que, sí no.es el es- | cándalo del universo, es porque el Todopoderoso enfrena sus pasiones? Lo será, si no olvidando. ni por un ins- tante el alto fin de su vocactón, la desempeña olvidado de sí. ¿Y no debe dejarse, sim pensar por. qué medios, cuando está á cargo del que quiere servirse de él pro- porcionárselo? Lo será, st, carrizo débil, se sostiene del dorado hilo de la humilde, frecuente y confiada ora- ción; ¿y puede no frecuentarla el que siempre está mece- sitado de la sabiduría, para el ministerio y consuelo de las almas? ¡Ay Fr. Diego, hijo de mi alma! 1% serás santo, si fueres verdaderamente capuchino y legítuno misionero: y lo serás, sí observantisimo de tu santo Instituto, predicares y vtvieres- todo transformado en Fesucristo crucificado, en cuya Cruz, oprobtos, despre- cios, blasfemias, desacatos y tormentos has de establecer tu gloria, tu honor, tus complacencias,
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