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— 480— NOTAS Después de contar aquí nuestro Beato sus tentaciones, la inteligencia que el Señor le dió acerca de la zarza del monte Oreb que ardía sin consumirse, y su.estado de ánimo en la predicación, contesta á los generosos arran- ques de su director, conotro más generoso todavía. «Si al salir usted de esta vida, alguna deuda puede retardarle la posesión de la gloria, yo me encargo de satisfacerla, para que ni por un instante carezca su alma de usted de la vista de Dios > O en otros términos: Yo me encargo de pagar el purgatorio que usted merezca: Así lo firmo á los piés de mi Señor Crucificado! Y para remachar el clavo, le pide en la posdata por las llagas de Cristo y los dolores de su Madre, que admi- ta la fianza, porque mi alma, dice, se deshace por retornar ú usted la vida que le debe. Dichoso hijo qué tuvo tal Pa- dre! pero dichosísimo Padre que tuvo tal hijo! Si me dieran á elegir no sé qué escogería; si tener un director como el P. González, ó un dirigido como el Beato Diego, que se encargara de mis trampas en el tribunal de Dios. Dichosas las almas que Dios une con tan santos y estre- chos vínculos. Después de escrita esta carta, tuvo el Beato Diego el consuelo de ver la notable conversión que refiere á su P. González en la siguiente.
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