BCCPAM000535-7-08000000000000

=.— 4d ción y preparación de la misa (que suelo decir des- pués de las cinco) y estando meditando la corona- ción de espinas de Cristo mi Señor, hice la refle- xión de ser mi alma la que dió aquellas espinas (es- to co: mil distracciones y tibiezas) y con las mis- mas me acordé de la zarza de Oreb, y de pronto se me dió una clara inteligencia, y en ella entendí se me decía: Zu eres zarza. Quedó elalma con algu- naatención, y sucesivamente fuí entendiendo todo lo á ella perteneciente por sus partes. Que aquel fuego es el amor á Dios que, pareciendo lo tenía la zarza, no era así, sino que se manifestaba en ella, para beneficio del Pueblo. Que la admiración de Moisés: vadam et videbo vissionem hanc magnam, quare non comburatur rubus, es en mí lo extraño, in- creible y horroroso de no caldearme ni aprove- charme de este fuego, que á tantos por mí se co- munica;y los efectos que causaría en todos, si lle- gasen á penetrar este secreto que Dios oculta aho- ra por sus incomprensibles juicios. (Que pasada la ocasión de hablar en púlpito, confesonario, direc- ciones, etc., quedaba la zarza como antes; yo en mis miserias etc., y lo propio aún durante el ejer- cer estosministerios. Finalmente que todo se ve- rificaba en mí, siguiendo la exposición moral de la zarza, porque además de carecer de aquel necesa- rio fuego, era un zarzal de espinas de culpas. Este clarísimo conocimiento me redujo á una blanda y suave humillación, que sacángdome algu- nas lágrimas me llevó hasta un sensible dolor de mis pecados. Seguí el día con esta substancial de- voción, y á la tarde repitiendo la oración antes de predicar, me valí de este conocimiento y se repitió con tanta fuerza, que me deshacía en lágrimas hu- mildes, dolorosas y ansiosas de mí remedio; ad- 61

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz