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proporción, de tu débil espiritu, de tu apocado corazón, de una vez, que eres el que eres delante de Dios; no oluides el que te ha hecho á los 0J0S de los hombres, E verás con evidencia que, siendo nada tuyo, te se ha dado tanto, para que agradecido, lo emplees todo en el santo fin para que te se ha dado: confiando que á pro- porción que se te destine, se te dará cuanto necesites, y dejado todo, todo, todo sin reservarte nada al que quie- re, porque quiere, cumplir en. tí, por tí, y sim tí, sus al- tisimos destgmi0os sobre un Reino, al que siempre ha amado por su fé, predad y sumisión ú la Santa lgle- sia, al que ha dado por Patrona á su Madre en el Mausterio, cuya exaltación y extension se debe al Reino mismo, piensa solo en amarle y servirle. Para este cumplimiento de sus designios, qué no debes tu contribuir? Y con sus auxilios, ¿quéno contri- buirás? ¡Ah, hijo mio! Ni vida ni muerte quiero; me parece que ésta se me acerca; mas si fuere voluntad de Dios, quisiera vivir, cuando se te cumplan tus deseos de padecer lo que te espera, y de vencer, «omo vencerá Dios por ti, á ese mónstruo de lubertinaje é wmpiedad, que se propaga y quiere imficionar nuestra antigua kKelagión y piedad, para sostenerte en cuanto pudrera, y padecer por causa tan digna contigo. Si asi fuera, y ojalá sea! menos fueran mis temores de que mi larga vida, mal empleada toda, me pierda; pero no dudo, que nunca faltará quien como yo, y mejor que yo, te sosten- drá; pero ten por cierto, que con mayor amor de tu bien y más deseo de ayudarte en el ministerío, ninguno. Eres, mi Fr. Diego, entre mis muchos hajos, porque quiso el Señor, (cuando quiso que comenzaras á darle á conocer como público misionero. y á prepararte de ciu- dad en ciudad, para la corte de todas, para que en ella le presentes á los Soberanos, y le anuncies el nombre del Señor,) que yo te engendrase y comunicase, el es- LD $» AAN de

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