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— 472— Sevilla, Marzo 20 de 1781, t J.. M. y ). Llenen mnestros corazones, y nos los rindan la siempre amable y dulce Providencia del Amabilisimo. Amén. Mi muy amado hajo Fr. Diego; en los efectos que me dices causó la mia, conocerás cuanto agrada á Dios el ciego rendimiento á su voz, alentada por el que nos da por guía. Si á tí te sacó lágrimas dulces y copiosas su lección, á mi me costó algunas la de tu respuesta, confundido ya de mi miseria, ya de que se quiera ser- vtr el Señor de este instrumento, para tanto bien mio; ya del gozo extremado de verte alentado, resuelto, ant- moso y preparado á combatir por la gloria de Dios y salvación de tus prójumos, con el mundo entero, aunque todo el infierno lo conmueva. Sí, Fr. Diego mio; Dios contigo puede esto y podrá muchisimo, que aun no pue- des ahora conocer. Tu misión no es á cuidades ó pro- vincias, sino al reino entero, para extirpar de él el es- piritu infernal, que lo domina y corrompe, del luberti- naje en pensar y obrar. Tu mistón es sostenida de sin- gular Providencia, para que prevalezcas á cuanto opon- ga á ella la empeñada contradicción de los poderosos, que podrán, para copiosisimo bien tuyo, contradecirla; ¿pero acaso la podrán resistir? Acuérdate de lo que sobre esto entendiste, cuando en Ubrique se le inspiró el ministerio en que te ocupas. Acuérdate de quien eres, de tu ignorancia, de tu úm-
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