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para ver cumplidos los fines de mi Dios. Esto era lo exterior; el interior tan otro, que se me iba el corazón por la penitencia, por la oración y el tra- bajo: ya amaba á Dios y á mis prójimos con mo- vimientos fuertes y de gran serenidad: me cono- cía humillado y como en otra región, resuelto á embestir con ardor al mundo y á sus máximas, en la predicación, etc., y todo esto sigue desde entonces, de suerte que ya es enteramente otro este abismo de ingratitud y de miseria. Bendito sea mi Dios que me ha dado á usted por Padre, luz y guía de mi alma! Cuento este beneficio como uno de los mayores de cuantos con esta vilísima criatura ha hecho, y no sé como darle por él las gracias que le son debidas. Pero con cuanto des- consuelo miro sus años de usted y-su quebrantada salud! Qué tarde he llegado á encontrar este bien! esto me amarga cuanto no es decible. Cúmplase en todo la voluntad del Señor! ¿Y del mandato de besar los piés á mi compa- ñiero, qué diré? Que fué extremada la suavidad y rendimiento con que lo recibió mi alma; fuí luego á buscarlo y estaba en el confesonario; mas cuan- to salió de €l le pedí viniese al cuarto, y allí leyén- dole las palabras ó expresiones de usted, para que el amor propio no me quitase algunas, cumplí y observé lo que Dios por usted me mandaba, sin la más leve repugnancia ni violencia: bendita su bondad que así me ha favorecido. La predicación es ya otra y todo es ya nuevo; Dios premie á us- ted tanto bien como hace á esta alma: ella pide 4 su Padre que pues, como Jacob á José, la ha en- gendrado :¿n senectute sua, la trate con la misma satisfacción que á la propia suya, pues lo es con todas veras y propiedad. 60

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