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— 461 — NOTAS Admira la fé y docilidad de corazón que tenían nues- tros mayores á la voz del enviado de Dios, cuando á un ruego suyo, como testifica en esta carta. se rinden no solo los nobles, sino husta los zaputeros de Morón y Ronda, desistien-lo de la proyectada comedia y rompiendo los papeles. ¿Qué veían aquellos hombres en Fr. Diego de Cádiz para obrar asi? Tengo por cierto, que si no hubieran vistoen él algo extraordin1rio, jamás hubieran desistido de su propósito. Y sin embargo este hombre tan extraordinario se que: ja á renglón seguido de su genio, del desabrimiento con que trata á su compañero, sin darse cuenta ni poderlo re- mediar; de su disposición interior, de su aridéz de espíri- tu, de la pereza y apatía que siente para todo lo bueno, de la sequedad en la oración, de la poca gana que tiene de hacerla, de la repugnancia que siente á trabajar por la salvación de los prójimos y de la insensibilidad con que se acuerda del P. cuya sola memoria le hacía antes arder en llamas de amor divino. Y, cómo le parece al lector que resulta más simpático á mis ojos el Bento Diego; ¿cuando obra prodigios extraor- dinarios, ó cuando lo veo envuelto en la atmósfera de la miseria humana? De esta segunda manera me resulta el santo más simpático, más natural, más humano, más hombre, que es como yo concibo á los santos de carne y hueso, luchando toda la vida con su propia miseria, con las tendencias é inclinaciones propias de nuestra natura- leza humana, de las cuales triunfa el santo por la gracia de Dios, después de rudos y gloriosísimos combates. Por eso, cuando veo que los santos sintieron lo mismo que sentimos ahora los que deseamos seguir sus pasos, aun- que sea desde lejos; cuando leo en Jas cartas del Beato Diego expresiones como las mencionadas, me dan ganas de aplaudirlo y decirle: Ole yá! Bien por los santos que 59

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