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499: > padecía, le respondieron los enemigos que dispo- nían la máquina: Esta es para aquel que tanto sube en el mundo con su fama y predicación contra nosotros, tu padrino el capuchino. ( il: 1 sin turbación ni Obra: salto, y no dejándome duda su aprobado y verda- dero espíritu (que dirige otro sacerdote) y el mé- rito de mis obras, me hizo entonces y después á mi solas, derramar sin fatigas mi horror algunas pocas lágrimas, mirando á mi Dios con el miedo de perderle, y á su Santísima Madre á quien co- nocía Ó me parecía que amaba con alguna, aunque levísima sensibilidad. Ay Padre de mi alma! que suerte le espera y tiene merecida este su mal hijo, y mónstruo de ingratitud, y que nada hace para revocar la sentencia! Pobre de mí, si pierdo á mi Dios eternamente! Mi ida á esa por Octubre ya es dudosa: su cer- teza se fundaba en la palabra dada al Sr. Bravo para predicarle aquellos tres sermones que dije á usted, estando en esa: la nueva duda proviene de que mi P. Provincial, aun no me ha dado su licen- cia, y parece inclinarse á otra cosa. Las cosas que usted me pregunta de los pro- digios de Jaen, ya se las hubiera yo escrito, si las supiera; mas del todo las ignoro y aun las creo fabulosas, como lo es la muerte pronta de la que deseaba ver á Dios, pues no hay tal suceso que yo haya presenciado. De lo demás, quien puede decir lo cierto es el P. Fr. Eusebio, el que no dudo hará á usted una visita; de él puede usted saber lo que yo ignoro en esas cosas: que aunque las deseo y usted me las manda, soy tal que no acabo de pro- porcionarme para ellas. Padre Fernández me empeñó en Ronda para que admitiese 4 mi dirección un clérigo hábil del CARAC pp

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