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VI? — nan lo que quieran, sin que á veces lo puedan discentr. Noestá demás que lleves el. pie con cuidado en el estri bo para no precipitar el juicio. La Casa-Estrada en baños; sigue con buen espíri- tu. La del Casal, que estima tu caridad, y que no la olvides, ni á su hermana. Yo, como pescado, trabajo, y sigo con muy débil salud: cuida la tuya, no te atarees ni des á penitencia, sino á medicinas. Todo tiene su tiempo. Siempre lo es de amar al Amabilisono. Adios, hajo mio, adios. Tu afmo. P. cr C . D ”o Se Srancioco Javier Sonsalez, NOTAS Singularísimo es el aprecio que muestra aquí el Ve- nerable P. González á la lectura de la Biblia sagrada, y no debemos olvidar el consejo que da al Beato Diego los que tenemos obligación, por razón de nuestra diguidad sacerdotal, de guardar ed nuestros labios la ciencia sa= grada, como dice el Profeta Malaquias, para instrucción y aprovechamiento nuestro y de los prójimos También es muy notable lo indiferente que se mues- tra el santo director en que su hijo haga milagros ó no los haga, y las razones en que apoya su indiferencia; pero no le es indiferente ni mucho menos saber las cosas de Fr. Diego por otros; sino que quiere saberlas por él mis- mo, y antes que nadie, porque tiene derecho á ello. Qué Padrazo! La advertencia que le hace sobre los papeles de la M. Zayas, mencionados en la anterior, es soberanamente discreta, profundamente psicológica, y como de un ver- dadero doctor en Teología mística. Esa simple adverten- cia derrama luz meriadiana sobre aquellas operaciones del entendimiento, que Santa Teresa califica de aboha- mientos 6 desvelaciones, en vez de revelaciones. Y que aun las almas más santas están ex puestas á sufrir equí- vocación en este punto, lo prueba lo que el Beato dice contestando á ésta en la que sigue. 56 LAIA o ID A AA IR TRIN e

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