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— 434— + J. M. J. Sevilla, Julio 31 de 1780. Mi muy amado hijo Fr. Diego; el Señornos ense- e d servirle y hacer su divino beneplácito. Amén. ¡Cuánto me alegro que hayas tratado á solas com tu amado Dios en el santo retiro! Quiera por quien es, fortalecer y llevar ¿exacto cumplimiento los propósitos que se sirvió inspirarte. ¿Puedes ¿ignorar los fines de tu vocación? ¿No experimentas la copiosa, oportuna: y cóngrua misericordia con que te facilita y da los me- dios para que llenes aquellos fines? Quien te hizo ca- Puchino, te ha hecho misioneroy te hará santo,st á gloria suyay bien de los prójamos (sin olvidar el tuyo) fueres fiel capuchino y apostólico misionero. Mas ay! que terrible cargo,si ño eres humildisimo y prontísimo para darte todo al servicio divino. Tanto ergo humilior atque ad serviemdum Deo promptior quisque debet ex munere, etc., decía el F. San Gregorio, y leemos en el oficio canónico con frecuencia: Fr. Diego mio, tanto como te penetro, me penetra el curdado de tu conducta. Un mónstruo eres, sí te contemplo como favorecido de Dios; porque, quien eres por té tú lo sabes y se te ha dado á conocer y ver; quien eres en el mintsterio, tú lo experímentas y los efectos te lo dicen: ¿y mo es esto monstruosidad, que siendo el que eres, seas el que el Señor quiere que seas y todos admiran? Mas ay, hijo mi6! ¿qué mónstruo de ingratitud te fuera comparable, s1olvidaras ó contrad:jeras la ejecución de los propósitos que has hecho? No es lo mismo no cumplirlos que con-

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