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— 431— i J.M. J. Ronda 14 de Julio de 1780 Mi amadísimo y venerado Padre en el Señor: este sea siempre con nosotros para que en todo le agrademos. Recibí la muy apreciable de usted, en respues- ta á mi pregunta sobre lo del capítulo, y no sé si diga que ella me sobresaltó y afligió más que la noticia que me habían dado de mi pensada elec- ción, pues en esta me quedaba la esperanza en us- ted, y vista su carta me la temía frustrada, porque no me dejaba mucho arbitrio para la renuncia. Yo no sé, Padre de mi alma, que es esto; el punto de ser algo, admitir prelacías ó cargos causa en mi interior tal horror, susto y miedo, que ya me pa- rece soy perdido sin remedio. Por fin, el Señor fué servido saliesemos bien, y que para nada me nombrasen. Hice lo que usted me ordenó de po- nerme en las manos de Dios con santa indiferen- cia; pero añadí el representarle la amargura y mi- seria de mi alma,y pedir el favor de su infinita misericordia, por medio de la Virgen Santísima Ntra. Señora. He estado 14 días en el campo: hice los 10 de ejercicios, pero como? En lo exterior encerra- do lo más del día en casa separada, y retirada no poco de la de nuestra habitación; tenía cuatro ho- ras ó cerca de oración, una de lección, en que leí

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