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— 428— carta de un eclesiástico de Granada, que cierto, cierto, forzosamente, me hacían maestro de No- vicios:*con esto llegué á mi Padre Provincial (aun- que deja ya el gobierno) y le supliqué me favore- ciese para excusarme de tal cargo y de todo otro, lo que me prometió y aseguró para que no tuviese cuidado alguno. No obstante. lo aviso á usted para que me diga que debo hacer, si llega este caso, pues para estas cosas es mavor cada dia mi inte- rior repugnancia. La salud de usted me tiene en continuo cui- dado, por lo que veo en sus cartas. Dios se la dé como se la apetezco; la mia sigue sin novedad es- pecial. bendito Dios! aunque ruin y algo endeble: de todas suertes muy de usted para cuanto guste mandarme, para cuyo fin le entrego nuevamente mi voluntad, mi corazón y toda mi alma, para que me dé su santa bendicion, y me encomiende á Dios, á quien pido me guarde su vida muchos años en su santo amor y gracia. De V. su afmo. y menor hijo que en el Señor le ama y $. P. B. Se. Diego 4. de Cádiz. NOTAS En esta carta comprueba el B. Diego lo que de él de- pusieron muchos testigos oculares en su proceso de Bea- tificación; esto es, que lo veían por los caminos rodeado de luz celestial que le acompañaba donde quiera que iba, aunque él en su profundísima humildad solo dice que eso era cosa que se le fijaba en el entendimiento. Tambien repite aquí su repugnancia y temor á todo cargo, y como se veía amenazado con uno en el próximo capitulo, pide á su Director consejo sobre lo que debe hacer; y el que este le dió lo verá quien leyere la que si- gue:
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