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— 411— NOTAS Esta es otra de las cartas del Bto. Diego, cuyo origi- nal está casi ilegible y á duras penas se pueden ente ndor algunas palabras. El lector habrá notado la humildad profundísima de este siervo de Diosen medio de los honores, y bien la ne- cesitaba para no envanecerse y caer,el que se veía segui- do de los pueblos, como tal vez no lofué ningún predica- dor después de Jesucristo. ¿Qué predicador ha tenido precisión de un piquete de cuballería para que las turbas no lo sofoquen consu indiscreta devoción? Pues, Fr. Die- go de Cádiz necesiteba por los caminos escoltas de solda- dos y ún así ura horror el bullício delas pueblos que no lo dejaban respirar ni dar paso líbre. Admíremos el poder de la santidad y alabemos al Señor en sus santos! ns ———_——-
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