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— 410— para tenerla, que en las pasadas dejo dicho, porlo que me recelo si será por omisión, más que por ocupación, lo que á ella falto. Mi interior en todos estos honores creo ha es- tado quieto, humilde y fácil en dirigirlo todo á su legítimo acreedor, que es Dios. La agregación al cuerpo de Señores Canónigos, y la posesión á su acto, lo ofrecí á mi Redentor en recompensa del agravio que padeció en ser juzgado como facine- roso y llevado al suplicio entre ladrones; porque deseando dedicarlo en obsequio de algún paso determinado de la pasión del Señor se me ocu- rrió presto: Cum iniquits reputatus est. El tropel inconsiderado de la devoción de las gentes ha sído desmedido, los soldados ha sido forzoso que asistan y aun nos van acompañando por el camino, porque es horror el bullicio de los pueblos, y apenas hay respiración ni paso libre. Dios tenga misericordia de mí. El P. Fr. Eusebio agradeció mucho, y devuel- ve á usted sus expresiones. La salud sigue buena, aunque conozco alguna falta de fuerzas; mas no impiden para los ayunos de precepto. La de usted me tiene cuidadoso: el Señor se la dé como la pido y la necesita. Siento la de nuestra enferma y la de la señora Casa-Estrada: la carta de la señora Montelirios llegó ya, le responderé cuando pueda. Déme usted su bendición, Padre de mi alma, y pues esta es toda de usted, no excuse mandarme cuanto quiera, mientras ruego á Dios guarde su vida muchos años en su santo amor y gracia. De usted su menor” afectisimoy obediente hi- jo, que en Dios lo ama y $. P. B., So. Diego 4. de Cádiv.
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