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% ñ — 404— J. M. J. Sevilla 29 de Abril de 1780. Mi muy amado hijo: Ojalá sea siempre. con nos- otros el Amabilisimo, y nos haga humildísimos de co- razón! Amén. Recibí con el gusto que todas la del 22; y ya ha- brás recibido la que te dirigí á esa ciudad, respondien- do ála última tuya de Málaga. ¿Qué te tengo de decir, cuando veo á todo un Dios Omnipotente ocupado en servtrse de un instrumento tan improporcionado para los altos y ocultos, pero piadosisimos, efectos de su amor? Quiere, porque es, el. que es; porque tiene junto á sí al Abogado que es dignisimo Mediador y la propiciación misma; y porque mira á muestro reno singularmente patrocinado de su Inmaculada Madre, enviarle un precursor de sus misericordias, para que lo prepare á ellas, pr.dicándole penitencia y dignos frutos de ella. Ha de reanímarse en el reino aquel espíritu verdade- ramente católico, que hacía toda la gloria y honor de los españoles, y los distinguía del resto de las Naciones, en la reverencia, sumisión y obediencia al Sumo Po stoy y á todos los ministros de la lglesia; ha de disiparse con ejemplar castigo el libertinaje que ofusca, aunque toda- vía no disipa enteramente los sentimientos de la religión de nuestros mayores; ha de terminarse la dominante relajación de la justicia, de la honestidad, del pudor, de toda buena costumbre, y reformarse el Clero y el pueblo, ó dá España le viene un gran castigo. Pero, cuándo y cómo se logtari dicha reforma? Cuando tú, sostenido úrre rsistrblemente del divino poder,

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