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NOTAS Carrizo con el Beato! y qué manera de ocultar los fa- vores que recibía de Dios en la oración! En ella se le apa- rece Jesucristo con la cruz á cuestas en ademán de caer; apoya su mano divina sobre la cabeza de Fr. Diego, se sostiene y evita la caida. Esto lo ve el Beato con visión intelectiva; pero su humildad profundísima le dice que él no es digno de eso, y se aturde, y cree que es soberbia creerlu, por más que una voz interior le dice que eso es lo que su P. González le enseña en orden á su destino; desconfía de sí hasta lo increible, se muestra refractario Á todo lo que sea conocer las cosas por modo extraordina- rio ó sobrenatural, y lo deja reducido á simple ocurrencia suya. Fortuna que el P. González lo entendía perfecta- mente y sabía ponerle el punto sobre la i, cuando llegaba la Ocasiól. Otra vez, acordándose de las muchedumbres que sa- len á verlo por donde pasa, le pone el Señor en el pense- miento aquellas palabras que El mismo dijo á Jas turbas, hablando del Bautista: «¿Qué salísteis á ver en el desier- to? una caña agitada por el viento, ó un profeta?» Y el humilde Fr. Diego en vez de tenerse por profeta, cree que él es la caña, y áun menos que caña, un, carrizo endeble, al cual miran embelesadas las turbas congregadas á su alrededor; pero Dios le hace ver en la oración que aquel carrizo está unido al cielo con un hilo de oro; hilo que significa en Dios el amor eterno con que eligió á su sier- yo, y en éste significa la oración contínua conque debe estar unido á su Dios. Antes que el P. González recibiera esta carta, contesta á la anterior del Beato Diego en la forma que sigue: PS TT ES Z E de Au dl TELS Sao az Ay VAS a a AA Al . ps id
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