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— 401— movido á escribirlo y noticiarlo á usted en los tér- minos que lo hago. Volvime aquel día acabado el coro á la ora- ción, y una y Otra especie estaban fijas en mi me- moria. A la tarde prediqué con algún fervor y Opor- tunidad: en las vísperas de aquella misma tarde,que canté con los religiosos, creo fué el ocurrirse otra vez la especie del carricillo agitado de todos los vientos; pero ahora lo pensaba recto, é inmoble á beneficio de un alambre de oro con que lo tenían atado desde el cielo, donde imaginaba había una como ventana de la figura y tamaño del Sol: pero de inmensa mayor claridad. Los efectos de todo han sido unos deseos tan ardientes de oración, que algunos ratos me pare- ce, Padre de mi alma, que soy insaciable en ella. Llegó después su carta de usted con la doctrina sobre este punto, con que se confirmó todo lo di- cho y procuro ya ser más aplicado, y veo no me es tan seca, ni tan dificil tenerá Dios presente entré dia. Aunque he dicho que en la aprehensión ó idea que tuve del Señor con la cruz acuestas no ad- vertí efectos algunos buenos ni malos, debo aña- dir que dos ó tres días después, cuando tuve el movimiento para avisarlo á usted, reconocí en mí unos deseos que para explicarme á mi satisfacción y decir que no eran sensibles, los llamo metafísicos, pero vehementísimos de proporcionarme para aquel fin, con la humildad, zelo, caridad, amor de Dios, oración y práctica perfecta de las virtudes: todo se lo aviso á usted para que me enseñe la vo- luntad de Dios, que venero y sigo en la de usted. La misión sigue desde el segundo día en la pla- za, siendo la predicación amorosa y no escasa, aunque no falta la interior amargura, sobresalto, LA A l AX) La + t PAS LS ' MO A » CAS E Pos a Y AAn ds LN > ll

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