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Ad Esto se hará, conociendo que esto quiere y manda Dios, y aunque ya las tareas del ministerio, ya la fla- ueza de la salud, te lo impedirán alguna vez, eso no obstante, pondrás particular empeño en quitarte estor- bos, orando para predicar, y predicando como el que ora, todo dejado á Dios; pues de la oración se dice, (ipsa uxerit sibi locum et tempus) que ella es el sánalo- todo, yen ella y con ella sé hace el que la usa superior á todo el infierno. Mas, ¿á dónde voy débil y sin tiempo? Hablo conti- go, amo tu bien, deseo no malogres tu vocación, y todo me parece poco. Quiero que entiendas que'no me canso contigo, ni me cansas tú, ni cansarás. Escribe cuanto quieras y que no pases un mes sin ponerme siquiera dos palabras para sacarme de cuidados, en que siempre estoy de tí y de tus cosas. Saluda al R. P. Eusebio, y te ruego, ruegues por mi conversión y por las que me dejaste. La Casa-Es- trada está ahora algo aliviada; parece que, aunque me- jor, adelanta poco, pero es fiel á Dios, y sabe resignar- se: se te encomienda. La enferna mia padece más y se va acercando á su fin. La de Monteliwrios, combatida del amor del mundo y tocada del de Dios, no se resuelve: la tolero, la persuado, la llevo con amor, y espero y rue- go al Señor por su resolución. Me dijo te había escrito á Málaga. Esa me mandó la Casa-Estrada; no sé de quien es. Catalimita sigue fiel. Qué más? que te bendigo una y mal veces, en el nom- bre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. Adiós, amado hijo, ruega al Señor por tu Padre, Cc: o » $ . a .”0 tz. SFrancioco Favier Gonza lez. ll AN > + Y TD . í ys aaa A, Y pas A O A AAA E

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