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Y — 380 — prevenido, que en esos casos no te partas de ligero: sen- tida la moción, humillate, y levanta el corazón «¿ Dios, Ecce ego! etc.Domine, quid me vis fácere? Paratum cor meum, Deus! Loquere, Domine, quia audit ser- vus tuus! De vultutuo judicium prodeat, etc. sor jaculatorias de que puedes de pronto usar y sí la moción sigue, y hay á quien conunicársela con confianza, haz- lo y obra. Cuando es fuerte, falta tiempo, y su ejecución urge, como sucede ó puede suceder predicando, obra con ella y mo temas, que Dios está contigo. Oh! y cuanto puede hacer gloria de su palabra sí rindes tu corazón siempre docil á las poderosas impresto- nes de sú gracia! Persuádete formisimamente, que nada, nada tienes, que sea tuyoenese cámulo de beneficios que por tu me «dio hace el Señorá los pueblos á que te envía y es suma bondad suya que tú no los estorbes con tu mi- sería; pero está empeñado el Señor en hacerte todo, to- do suyo, á inundaciones de beneficios, y al fin lo ha de conseguir, porque es el que es, aunque tu seas el que eres; mientras que no lo quieras ser, y te sufras, el Se- nor te sufrirá y te hará el que quiere que seas. ¿Y qué te parece quiere que seas? Lo has reflexionado seria- mente? Yo te lo diré! Quiere que seas lo que te enseñó dá ser con su ejemplo el primer misionero en ministerio y dignidad, Cristo Jesús! Que seas humilladísimo, man- sísimo, suave, sensible con todos, que en cada prójimo veas la niña de los ojos de Dios, el empleo del amor de Jesucristo, el precio de su sangre y desees, procures, te afanes, y dés tu vida, y aún tu alma, por la salva- ción de las suyas: que desde el profundo abismo de tus miserias, y tu nada, por lo mismo que nada eres, con tu nada unida á la misericordia y bondad del gran Dios, v haciendo tuyos los infinitos méritos de la reden- ción, te pongas esforzado delante de la Fusticia Divina, y luches con ella, deteniéndola para que no me castigue

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