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mo así lo ejecutó aquella misma tarde, acompaña- do de la Oficialidad, y con la solemnidad de llevar su guardia de soldados al fin de la procesión, en toda la cual (que no fué corta) no soltó el pendón. Oyó la plática, quedó gustosísimo, y sigue con la Sra. Generala, asistiendo todos los días á cuantas funciones de la mision se hacen, y dando un duro todos los dias para que dén de limosna á los men- dígos, que concurren en las puertas de la Iglesia. La primera plática la tarde de la publicación, fué de la misma idea y asunto que S. E. había habla- do aquella mañana en la visita. Dios se sirva con todo. En esta Misión me parece procuro observar la doctrina que acabo de recibir de la caridad de usted y sus efectos en mí son una abundancia no vulgar de sentencias, y expresiones, una autoridad y Magisterío en el decir raro y nunca visto, una eficacia extraordidaria, y un ardor y vehemencia dulce, humilde y cariñosa que no sé manifestar. Yo creo que á todos es de pasmo y á mí de con- fusión. Losactos de contricción son abundantísi- mos, fáciles, y devotos. En ellos y en la predica- ción está mi interior según aquella expresión del Evángelio (Padre mío, siesto fuere soberbia ó te- meridad, castíguemela usted, creo que es solo dar una idea del como está mi interior aquel rato) Erat docens quas: potestatem habens, Acuérdome aca- ba usted de enseñarme, debo persuadirme soy alli Dios, no yo, y me parece es lo que usted me manda, aunque yo no lo entiendo. Dios sea alaba- de por todo. Para mí estoy insulso y no se como: bien que es el corazón quien habla y desea decir por si aquellas expresiones de dolor proposito etc. entiendo lo que debo decir, aunque yo no se ex-

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