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— 356 — NOTAS Qué diremos en estas notas que no tengamos dicho en las anteriores? Aquí está otra vez el santo y el hombre: el santo en toda su grandeza, y el hombre en toda su mi- seria. Bendito Dios! que así sabe unir extremos tan con- trarios y dirigirlo todo el bien de sus escogidos. En el an- gustioso estado de ánimo que aquí revela se hallaba nues- tro Beato, cuando le aconteció en nuestro convento de Jerez la visión siguiente que todos sus biógrafos ponen en esta época de su vida: en la que escribió nuestro Emo. Cardenal Vives (Llevaneras)se cuenta de este modo: «Concluirémosel presente capítulo con la narración de un maravilloso suceso con que el Señor quiso confortar el corazón de nuestro Beato durante esta Misión de Je- rez. Encontrándose el Beato Diego orando una noche en el coro bajo del Convento de Padres Capuchinos de la Ciudad de Jerez, haciendo ver al Señor su flaque- za, su debilidad corporal, y su incapacidad para prose- guir en el ministerio con fruto conveniente y con el agra- do de su Majestad, le rogaba lo relevase de aquel ministe- rio para servirle en cualquiera otro que no fuese de tanto peso y responsabilidad; y repentinamente se le presentó el mismo Jesucristo con la cruz á cuestas en el mis- mo doloroso ademan y figura en que pasó del Pre- torio al Calvario; y cuando pasaba delante del pres- biterio hizo el: Señor como que se caía bajo el peso de la cruz hasta dar con su santísima boca en tierra; Al ver esto el siervo de Dios, con la velocidad de la saeta 6 del relámpago corrió espantado, se echó delante para sostener á su Majestad,al cual enternecido y fuera de sí le dijo: ¿Qué cosa es esta Señor? ¿Por qué vais á caer? —i¡No he de caer, respondió Jesucristo, cuando tá que me sosteñías, piensas ya dejarme con daño de mis redimidos y de las ovejas extraviadas! Al momento desapareció el Señor, dejando confuso al Beato, avergonzado de su co- bardía, y animado para proseguir trabájando por el bien de las almas.»
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