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Ú 21191] | | A ed las costumbres; la que conseguida, tal vez tendrá por consecuencia la declaración del Misterio, ó qué se yo si contribuirás no poco en su oportuno tiempo, en el que se te dará luz, inteligencia, y sabiduría, que no ha- llarás en otro libro, que en el que comerás, digerirás y harás tuyo transformado por perfecta imitación en él. Este es el fin para que vwes, á. este se ordenan como medios congruos esos aplausos que no. mereces; esas doc- trinas que no soi tuyas, sino del que te envió á anun - ciarlas; los beneficios que conviva fé harás á tus prógt- mos cuando la tengas: las contradicciones que permitirá el que no se las dispensó á su Hijo y á sus discípulos, cuando esté cerca su Misericordia de las necesidades del Reino y quiera remediarlas. ¿Qué resta pues, que hagas en el día para no ún- pedir, y en lo posible aclara el fin de tu Misión? En una palabra, deshacerte. Cómo? Transformándote: Con quién? Con Jesucristo. Por qué medios? Por los que 7e- sucristo llenó el fin'de su Misión. Cuáles? Los que El mismo por sí mismo nos dijo. Ego veni non ut faciam voluntatem meam, sed ejus qui míssit mé.£x nada, ennada has de hate r tu voluntad, sino la de Jesucristo. Ego non quero gloriam meam, est qui queerat et judicet. En nada de tu estimación has de pensar. Que prediques así ó del otro modo; que te maten, que te cen- suren, que te acusen, que te delaten, que te prendan, que te extrañen: est qui querat et judicet. Ego veni ut vitam habeant et abundantius habeant. Conside-. rando que tu destino es reformar el público, debes pro- curarlo por todos los medios, que te se ham dado. y darán á proporción que los necestles,: pues no se te dan á ti, sino á tí transformado en el que te ocupa. Doctrina mea non est mea, sed ejus qui misit me. Y si la que predicas y predicarás no es tuya, sino del que te ha enviado, deja ya los temores, de tu vano -co-

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