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Dios y en su nombre te lo mando, para tu bien y re- solución. La que el Señor te inspira de imitar con cuanta perfección puedas la vida de nuestro dulcisimo Jesús y no ampedir los allos fines de su Providencia sobre ty tu ministerio, es lo que jamás pierdo de vista en tu direc- ción, porque desde que te ví y oi en la primera vez, ocu- pó mi deseo de tratarte y darte mi corazón, porque me pareció que (para que imitando á el Redentor, coadyu- vases á los fines de la Redención y d sostener el deca- dente espiritu del Cristtanismo y el de la Religión queen el Reínovacila) se quería valer de tí.como el menos propor- cionado instrumento, para que toda la gloria de tu Mi- nisterio la reconozcas tú y el mundo en su principio; porque seamos pricticos: Qué eres en los ojos de Dios, y st no te engañas mucho en los tuyos? Y qué no ha hecho Dios que hagan contigo los pueblos cultos, las ciudades po- pulosas, los cuerpos más distinguidos, los príncipes de la Iglesia, y harán algún día los Soberamos? Tú, doc- torado; tú, canónigo; tú, aclamado doctísimo; tú, vene- rado santo; tú creido milagroso; y lo que es más admi- rable para mi; empeñado Dios en que seas así a los ojos del mundo, y cada día se empeñará más. ¿No sabe Dios lo que eres, lo que fuiste, y lo que serías dejado á ti? Pues, por qué contigo singulariza el colmo de sus: gracias ruidosas y que tanto lisonjean el propi amor, conservando tu corazón humildemente reconocido y como tediado de lo que tanto por sí apetecería? Ah hijo de mi Ima! el por qué lo veo, no es otro, que haber querido por su bondad, y porque nuestro reino está privatiwvamente pro- tegido de la Santísima Virgen en el tierno misterio de su Inmaculada Concepción, que un Capuchino hijo del Santo Patriarca, cuya Religión es entre todas Concep- cionista, se encargue de la reparación de las graves quiebras que va haciendo en la religión, la relajación de 44

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