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porque no hicieron caso de sus palabras. Llegué yo con estos informes, y aunque sin prevención alguna de estudio, me entregué todo á disposicion de Dios, trabajando lo que podia para e! púlpito. En el sermón de ceniza dije el adhuc quadraginta dies, etc., de Jonás á Ninives, y contrayéndolo, aseguré era de temer fuese este el preciso plazo de este último aviso para aquel pueblo. El viernes de enemigos prediqué un sermón, nada eficaz en su asunto, pe- ro en el acto de contricción hablé con algún afec- to al Señor (este es el principio de hacerlo como los acostumbro) y el fruto fué que allí mismo un caballero hermano del Beneficiado se tiró á los piés del P. Cura y allí se abrazaron. Salió por el pueblo y ejecutó otro tanto con todos, de forma, que desde este dia se pacificaron aquellas gentes. Seguí la predicación confirmándolos en su re- solución, mas no Pai la transacción de los plei- tos. Consegui hubiese 4sperges los domingos, que por dichas indisposiciones no la habia; logré se ha- blasen, mas el pleito quieto. Pasó la Cuaresma, y el dia segundo de Pascuas amaneció muy nubla- do, yá poco siguió una -horrorosa tormenta de truenos, lluvias, etc., y vieron algunos que la nube que estaba sobre el pueblo se div idió en dos partes, y la una descargó en el mar, y la otra en los montes contiguos, haciendo no pequeño daño en las viñas y haciendas. Conociose hubiera sido dia amargui- simo para el lugar. siasi nolo hubiese Diosfavore- cido. Con esto cargué áloscabezas de bandos, y re- sistiéndose el que menos razón llevaba, casi me re- tiré, y desisti de mi intento; retireme al cuarto, y á poco estando yo pidiendo á Dios con amargura in- decible el remedio de estos males, y aun no me acuerdo si llorando, vino recado que subiese á ver-

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