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—. 2009 aficioné á la oración £cclesiae tuae quaesumus, DD) mine, preces placatus admilte, ut destructis aduersitati- bus et erroribus untversís secura tibi servtal libertate eto. En los ejercicios espirituales sentía notable se- quedad, la oración siempre era amarga, estéril de pensamientos, y sin consuelo alguno: ni sabia me- ditar, ni hacer reflecciones y muy rara vez era con afectos sensibles: pero casi de continuo el deseo vehemente de ser Santo, y grande para los fines dichos. Empecé á ayunar las nueve cuaresmas de mi P.S, Francisco, y creo que solo un año ó lo más dos pude, porque es casi el año entero; des- pués me reduje á ayunar algunas tres ó cuatro en el año, y en lo restante, los miércoles, viernes y sá- bados, vísperas de nuestro Señor y de nuestra Se- ñora y santos de mi devoción; algún tiempo aña- dí los lunes por las almas del Purgatorio. Acaba- dos los estudios me nombraron maestro de estu- diantes de Teología en Cádiz, lo que renuncié con mucha eficacia, porque á ello me sentía movido porque lo conceptuaba impedimento ó estorbo pa- ra lo que yo deseaba; y me costó mucho me admi- tiesen la renuncia, porque siempre han pensado de mí más de lo que soy. Con esto me enviaron á vivir á Ubrique, donde en el tiempo de seis años que es- tuve sucedió lo que diré á usted en otra, porque no me alcanza el tiempo para decir más en esta. Ya ve usted, Padre de mi alma, que sin horror no puede leerse tan monstruosa infame ingratitud. No sé como no se abrieron los abismos, para tra- garse á este mónstruo de ingratitud y abominación. Dios me mire con misericordia! Usted puede infe- rir que deberá hacer el que debiendo tanto, lejos de pagar, ha acrecentado la deuda con sus cul- pas; y en consecuencia disponga lo que guste, pues + ' h y | ms ALARTE yy E
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