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— 308 — dome con sola la mitad de lo que nos dá la comu- nidad, con lo que padecía algunas hambres no pe- queñas; mortificaba la vista y sigo en no mirar á la cara á las mujeres, salvo las pocas de inmediato parentesco, ni á las hijas de con'esión ó dirección: el olfato no oliendo olor alguno suave de flor, etc., aunque si me insta suelo aplicar á la nariz. la flor ó lo que es, pero no más. Carecí del gobierno de Director, pues estuve sin él hasta que Dios me deparó al Padre Fernández y después á usted, que es el que ha llenado mi alma, que sé yo si más allá de su fondo. Lo que duraron los estudios después de sacerdote, me ocupé en leer libros devotos y vidas de Santos: empecé la santa Escritura, y se- guido solo pasé hasta el Parálipomenon; y salteado algún otro libro; en su lección sentía mi alma no- table gusto y satisfacción interior. Nada estudié con aplicación, método ni fundamento. Por-este tiempo (año de 69) se empezaron á hacer públicas las cosas del siglo ilustrado contra la santa Iglesia; salió el Febronio, el Bosnet, el Juicio imparcial etc., me instaban los leyese para salir de mis igno- rancias etc. No es decible Padre de mi alma, cuanto fué el ardor que sentí en mi corazón para remediar estos males: negueme á leer estos papeles, no quise aprender á leer el francés, por el horrór que conce- bíá los libros que de allá venian de estos asuntos. Qué ánsias de ser Santo, para con la oración apla- car á Dios y sostener á la Iglesia santa! Qué deseos de salir al público para á cara descubierta hacer frente á los libertiños! ¡Qué inclinación á predicar á la gente culta é instruida! Qué ardor por derra- mar mi sangre en defensa de lo que hasta ahora hemos creído! Desde entonces me incliné y

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