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280 dia no soy capaz de formar por escrito un sermón, cuando más apuntarlo; tal vez suelo hacerlo des- pués, pero por pereza ó por falta de tiempo rara vez se hace. De lo demás de sucesos particulares, aunque me lo han encargado los compañeros, nada tengo por el mismo motivo y porque creo no puedo añadir á lo escrito ni qué son estos sucesos tan notables, como otros que oigo: y porque no todos los sé ni entiendo; en todo me sujetaré á lo que us ted me ordene. Debo añadir que mi predicación siempre ó casi siempre es con angustia y fatiga in- terior, que no hay sermón, ni plática, ni conversa- ción que en tono de ella haya de tener, que no sea con mil angustias y costándome gotas de sangre como del corazón el hacerlo, y aun las palabras co- mo si con garfios me las arrancasen de las entrañas. Esto unas veces más y otras menos, según el Se- ñor quiere, pero lo común es así. No sé si nace de mi falta de fé, aunque en esto mismo procuro avi- varla, ó de ser esta la voluntad de Dios por humi- llarme, como que todo es poco para este fin. 9.2 Creo que con esto lo tengo todo dicho y que nada de lo que advierto me queda por decir. Ya sé debo á usted tanta caridad, que la tiene para sufrir tanta simpleza mía. He agradecido á usted infinito la disertación que he empezado á leer con el aprecio debido; yo la deseaba, mas no me atre- vía á pedirla á usted, porque ignoraba se hubiese impreso. Doy á usted, Padre de mi alma, las más rendidas gracias por ella. La Biznieta áprecia muchísimo la caridad con- que usted la trata, y con el amor que le tiene se ofrece á usted de nuevo á cuanto quiera mandarle; es horrible la desolación y tribulación interior y exterior en que vive, la que sabe disimular tan
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