BCCPAM000535-7-08000000000000
281 nuestro convento de Ubrique en ocasión que estaba la Comunidad cantando Prima ó no se qué hora- menor, de improviso se llenó mi alm: toda de un gozo tan extrem: ido y de una admiración tan rara, que cast salí de mí, pues me parecia nuestra músi- ca (que usted sabe la que es), la cual ¡jamás habia oido, no música de hombres, sí de un coro de An geles ó un remedo de la Bienaventuranza No sa- bré.explicar á usted los electos que causó en mi interior, porque ni el gozo me lo dejaba conocer, ni yo entendía de tales cosas. Acabada la misa, que no sé si atendí á ella, nos retiramos á casa, alegre sí, pero sin otra novedad. De aquí.empezó un afec- to interior á la religión tal que el alma se me ¡iba por ella, Con esto procuraba, cuando podia, inclinar 4 quien me sacaba á Misa á que fuese á los Capu- chinos, y ya me-adelanté á,entrar en la sacristía pa- ra ayudarlas. Pédi la vida de algún Santo de la Orden y me dieron la de nuestros santos San Fi- del y San José de l.eonisa, uno y otro misioneros, y edo: la del V. P. Fr. José de Carabante, llamado el Apóstol de Galicia: encendiéndose con esto un fuego en mi corazón que aun no teniendo yo más que 13 años me deshacia por. el retiro, el trato con Dios, la mortificación, etc. Llevado de estos deseos sin consultarlo con otro me até algo fuerte unos cordeles á la-cintura y muslos que impidiéndome para andar, respirar etc., hube de quitar uno y aflo- jar algo los otros, mas no tanto que no me hicie- sen algunos notables cardenales, porque de noche y dia los tuve muchos días; el de la cintura, hasta que algún cardenillo que crió me obligó á dejarlo y el del muslo hasta poco antes de venir 'á tomar el Santo hábito. Había en el convento un sacerdote ejemplarí- DAS La ESA E % POS Md
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz