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=D dezca y prevalezca la contradición por algún tiempo. Lo segundo, porque deseo verte humillado, y cono- cer qué hombre serias en la humillación; yo lo preveo, porque parece te olvidas de Dios cuando algote amena- za, por lo que inspirado del mismo sueles decir en el púlpito. O qué apocado espíritu! O qué disimulado asi- miento á tu propia estimación, que debes arrancar de raiz, como te lo tengo dicho y repetido, dejándote ente- ramente conducir del espíritu de la verdad que conoces, cuando algo dices raro y oportuno, para el fin santode la misión que se te ha confiado! Es tuyo ese ardiente amor á los pecadores? No es verdad que los amas tiernamen- te, y que su amor te consume, agita y trae en un incan- sable afán por su salvación? Fues, sies verdad, lo es tambien que te parece que los amas con singular afecto. Si fuera delatable tu proposición, delaten también á mi S. Francisco de Sales, que con frecuencia y verdad de- cía más que tu dijiste; porque comparaba el amor que tenía á los pecadores, con el que les tenia Jesucristo, Esta es proposición del Santo, me parece que ninguno ama más á los pecadores que Jesucristo y yo. Y en qué sentido lo decía? porque como Jesucristo los amó efectivamente, los amaba el Santo, obrando cuanto en Dios podía, para sacarlos del profundo de la culpa. La otra es sin duda arrojo de la caridad fraterna, pero sin censura, sí no quieren falsamente suponer en tí una soberbia luciferina, que no podrán probar, porque posees y acreditas tu sana intención: no ofrecistes á los atribulados en el divino Tribunal tu mediación, que eso fuera usurparle á Jesucristo su merecido oficio, error grosero proscripto y soberbia más que diabólica; sí 8 > 7 no tu ruego, tu representación de la atención y docilidad, conque habían ovdo y rendídose á la eficacia de la pala- bra divina: y esto ¿qué tiene de error, cuando es dogma que Dios oye con gusto los ruegos de sus siervos y fieles 35 -3 «e A y a A y 14 13 SS O

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