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— 266 — cionado á un capuchino que hacer paréntesis por al- gún largo tiempo del ministerio apostólico, para desem- peñarlo mejor, después que por el dicho tempo halla solo pensado en ser buen Capuchino, renovando su disipado espíritu, y trabajando realmente, no en la agena, sino enla propia santificación. Mas si los Pr olado$ quieren que vayas con ellos á esta 6 á esotra parte á descansar, ríndete y haz lo que te ordenen; en una palabra, por ahora Capus hino solo, después cuando el Señor lo orde- volverás á ser misionero. Lo has sido, en Granada, Guadix y Baza. Pero cómo? Distingamos y por todos lados te verás, como te veo, obligadísimo á ser Santo, porque con menos no cum- ples mt llenas tu vocación. Vamos por partes: teres- ponderé primero á la que con fecha de 16 de Mayo escribiste desde Guadix, y luego á la que últimamente recibi desde Malaga escrita el 18. En Granada ¿qué no hizo Dios contigo para recomendar tu Ministerio, hon- rándote? ¡Mas ay! Pobrísimo Fr. Diego, sinó hubie- ra El mimo preservado tu Corazón! Lo arrojabas á los piés de los que, movidos del Señor, le honraban en su indignísimo Ministro; y ¿quéhacias, que no debieras ha- cer? El corazón tuyo merece otro lugar? Los piés de los más viles pisaron al Hijo Unigénito del Padre, y las humillaciones que por Pr. Diego padeció preservan su alma y la arrojan reconocida y humilde á los piés de los que le aplauden. Todo Dios, hijo mío, está empeñado y singularmente lo estuvo en Granada, en darse á co- nocer en ti y d ti: á tí preservándote de tí y dándote á conocer, que nada, nada es tuyo ni lo mereces; y en ti, Porque ¿quien no vió que no era tuyo, ni el espíritu, ni el ardor, ni la eficacia, ni la variedad y oportunidad de la Doctrina y manejo de ella? Y sí lo es tanto, ¿cuán- ta será turwmgratitud, tuvileza, tu monstruosa villanía, sí todo, todo, todo no eres de tal Dios, y si te dejas po- ne,

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