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E 265 da celo discreto de la honra de Dios, y de que reviva el casi muerto espíritu del Cristianismo, abatido el fatal libertinage que lo ha disipado ó estinguido. Para esto, hijo mio muy amado, te ha hecho Dios ministro suyo. Sabes que visiblemente te llamó á Capu- chino, ¿Misionero y Santo; que eres lo primero, y como lo fuiste, no lo habrás ok vidado; sin más talentos, que los que no puedes negar se te han dado graciosa- mente, sin que en ellos tengas ni una mínima parle, eres lo segundo; pero ¿serás lo tercero, sino llenas plenísima- mente lo primero y lo segundo? Que es 6 debe ser á los ojos de Dios y del mundo un ona Capuchino? ¡Ojala que como lo sabes lo seas! ¿Lo serías, si se te pegase al corazón ago del mundo, y desnudo el cuerpo, humilde y penitente el exterior, quédase vestido de propio amor el interior, vano, engreido ¿inmmortifiicado? ¿Lo serías, sí debiendo amar el retiro, la abstracción, la soledad de la celday los pies de Jesucristo, no con- servases este amor en medio de las tareas del Ministerso, propendiendo con eficacia al retiro del claustro? Sabes que el Capuchino misionero solo puede y debe emplearse en las misiones el preciso tiempo que ellas exyan; pero en el instante siguiente debe sepultarse en su convento á llorar los muchos defectos en que como miserable habrá incurrido, estorbando el aprovechamie nto de la misión y á prepararse para otra, sí la obediencia se lo manda. Si ahora necesitas, como necesitas, y te lo mando de algún reparo de fuerzas, descansoy cesación de todo trabajo, cesa, descansa, aliviate, espárcete; pero cómo y dónde? Por esa que me mandó tu Pp adre Fernández leerás la proporción que te facilita la caridad de esa señora, y aunque con licencia de tu Prelado no desapruebo que te escondas allí y tomes aliento para la campaña que te espera, y en que comenzarás á probar los efectos de la contradición, no te lo mando, porque nada es más propor- 35

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