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— 261— llmos. Cabildos, de Guadix y Baza, por cartas se- paradas, me han nombrado por su hermano é in- dividuo, con todos los honores y privilegios que á sus prebendados corresponden en vida y muerte, acordado asíen Cabildo que para ello en cada Ca- tedral hicieron, y áuna y á otra respondí dando las gracias, y comprometiéndome á la recompensa. Por los caminos fueron grandes los concursos dé los pueblos inmediatos y alguno distante, una legua, se despobló para salir á ver y pedir la bendición á este mónstruo de ingratitud y de misé- ria; yo apurado con tanto me he enfadado y con alguna sequedad y despego hablaba y huía casi siempre: esto suele después desconsolarme no poco. En la despedida de la misión de Guadix y Ba- za dije á los que concurrieron sacasen los rosarios: se los bendije concediéndole cuarenta días de In- dulgencia en cada cuenta y añadí, que cuando tuviesen algún enfermo en sus casas entrasen el rosario en una poca de agua, y en el nombre de nuestra Señora se la diesen, que algunos lograrían consuelo con solo esto. Después he solido decirlo á algunos otros. Me parece había tenido algún mo- vimiento (aunque como mío) para ello antes de aquella ocasión. De Baza se dijo que un ciego paré- ce había logrado la vista con un Evangelio, oyen- do despues el sermón, y que el Sr. Corregidor lo puso en la cárcel y dió noticia al Sr. Obispo, tal vez para averiguar la verdad: no sé lo que habrá resultado. El día 1.” de este salí de Baza; estuve cinco en Granada, en la composición de los pleitos dichos, y se logró como se apetecía. Bendito Dios. Aquí supé las resultas de mi delación al Consejo: que fué-

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